jueves, 19 de abril de 2012

los beneficios de la estimilaciòn temprana

 


Las primeras experiencias en la vida de un niño permanecen para siempre. Ésa es la consigna de quienes promueven la estimulación temprana de los pequeños para que en el futuro les sea más fácil estudiar, se sientan más seguros de sí mismos y se preocupen por quienes los rodean.
Pese a la frágil apariencia de los recién nacidos, la estimulación en los primeros años de vida es efectiva. Al punto de que así como un pequeño necesita una buena alimentación para tener un adecuado estado nutricional, también requiere de estimulación para lograr un buen desarrollo psicomotor.
En el país, la estimulación temprana no está muy difundida, pero en Estados Unidos abundan los centros donde los padres acuden con sus hijos apenas éstos cumplen dos meses.
Kareen Goldfarb, directora de Babybum, uno de los pocos centros de estimulación temprana para niños en el país, afirma que “si a un niño le faltan los incentivos apropiados, las posibilidades que tiene de desarrollar al máximo ciertas capacidades, habilidades y facultades, se desvanecen”.
Por ello, ya desde los dos meses y hasta que el pequeño ingresa al colegio, se trabaja en estimularlo visual, táctil y auditivamente, con el fin de lograr un buen desarrollo psicomotor. Éste es el conjunto de capacidades y/o habilidades que el pequeño va adquiriendo en cuatro áreas: la motricidad (afirmar la cabeza, sentarse, caminar), la coordinación (tomar juguetes, alimentarse solo, formar torres), la socialización (demostrar afecto, jugar con los demás) y el lenguaje (entender órdenes y expresarse).
Además, la estimulación a temprana edad los prepara para superar los temores a la altura, el encierro y la oscuridad, entre otras cosas. Todo por medio del juego.
A través de entretenciones, como atravesar túneles, caminar sobre barras de equilibrio o rodar sobre una pel